Influencia atlante en Egipto 2


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Recuerdos de civilizaciones antiguas

Los mitos de la Atlántida, Mu y Lemuria es algo que vibra en nuestras células desde lo más remoto de la historia.

Ya Platón lo mencionaba en sus obras, aunque nunca se le ha dado la credibilidad que quizá merecía.

Yo misma tampoco le prestaba mucha atención.

Hasta que cayeron en mis manos los libros de Dolores Cannon, en los cuales la autora plasmó los testimonios de cientos de personas a las que realizó sesiones de hipnosis regresiva.

Muchas de ellas relataban cosas similares. En lugares parecidos.

¡Demasiado similares!

Demasiadas coincidencias.

O… ¿serán los recuerdos de vivencias reales?

La información que relato a continuación ha sido extraída, resumida y condensada después de haber leído varios testimonios similares en los libros antes mencionados.

Puedes tomarla como ficción… o intentar pensar más allá de la caja.

Tú decides.

Mu, Lemuria, Atlántida... y Egipto.

La caída de la Atlántida fue un cataclismo de tales dimensiones que una parte del mundo quedó sumida en el más absoluto olvido.

Los atlantes llevaron su conocimiento del poder mental y la energía hasta límites insospechados.

Empezaron a jugar con la genética, creando nuevas especies por hibridación por el mero placer (y orgullo) de ser capaces de hacerlo.

Llegó un punto en el que ya no tenían respeto por las otras especies, considerándolas inferiores y poniendo el peligro la calidad genética de toda la humanidad.

Por otro lado, los experimentos del dominio de la energía terrestre y cósmica alcanzaron un nivel de desarrollo tal, que empezaron a «jugar» con el núcleo de la tierra. De forma demasiado peligrosa, sobreestimaron su capacidad de control de la misma.

Y se les fue de las manos.

 

Pero no todo era crueldad en los últimos momentos de la Atlántida.

Había facciones de personas que, conscientes de que su civilización no iba por el camino correcto, intentaron unir sus fuerzas para contrarrestar lo inevitable.

Pero no fue suficiente.

Estos atlantes, cuando vieron que no había marcha atrás, decidieron marchar en naves por mar hacia otras tierras, algunos incluso se fueron a otros planetas.

De esta forma, pudieron salvar sus vidas y llevar el conocimiento consigo.

Las pirámides fueron construidas por levitación

En un principio los atlantes que llegaron a Egipto vivieron apartados de los nativos, ya que el recuerdo de lo vivido era demasiado reciente y doloroso.

Había que guardar el conocimiento y ver cuándo era el mejor momento para, poco a poco, darlo a conocer.

Parte de ese conocimiento consistía en el uso de frecuencias de sonido y control mental para mover grandes objetos por levitación.

Y así fue como, según algunos testimonios de hipnosis regresiva, se construyeron las pirámides de Egipo.

Se necesitaba la ayuda de muchos obreros, de muchas personas conscientes y con intención pura, pero no ayuda física… sino ayuda mental. Y el sacerdote que dirigía la operación usaba esa energía mental para mover los bloques de piedra.

El proceso involucraba la manipulación de la energía terrestre y cósmica, resonancias mentales y tonos precisos, logrando que las piedras almacenaran energía que luego podía ser aprovechada por la pirámide como un gran reservorio. 

Las pirámides no eran tumbas.

Eran centros de conocimiento. 

En su diseño están todas las fórmulas matemáticas conocidas por el hombre (y algunas que todavía no ha llegado ni a imaginar).

También servían de observatorio astronómico, para cartografiar el tiempo y manipular energías del planeta y del cosmos. 

Eran como computadoras de piedra: capaces de reflejar y transmitir energías, actuar como estimuladores de la conciencia humana y como emisores de información hacia otros lugares del universo.

La esfinge tenía cara de mujer

Otro de los recuerdos más impactantes que leí fue el de una mujer que relataba la existencia de un antiguo templo, mucho antes de que existiera la esfinge.

Ese templo estaba dedicado a la «gente gato». Unos sacerdotes y sacerdotisas que realizaban curaciones y practicaban la sanación mediante la imposición de manos.

Ese templo guardaba un enorme cristal en su interior. Sólo los iniciados en el manejo de esa energía podían acercarse al cristal, una especie de amplificador de poder cósmico. A los sacerdotes y sacerdotisas se los elegía cuando eran niños, se iban a vivir al templo y aprendían las artes de curación y sanación.

Sus brazos estaban cubiertos de brazaletes de oro, ya que este metal hacía de interfaz entre la potente energía del cristal y las personas, para que éstas la pudieran integrar sin que les hiciera daño.

La gente acudía la templo a sanarse, pero si no podían ir los sacerdotes enviaban a sus gatos al lugar. A través de ellos, se realizaba la curación en casos en que la persona no podía ir presencialmente.

Una especie de «teleasistencia gatuna».

 

Parece ser que ese poder de sanación mediante cristales también fue herencia del conocimiento atlante.

¿Qué pasó?

La historia de siempre.

La gente empezó a adorar como Dioses a estos sacerdotes y sacerdotisas. Y después, adorar al oro que llevaban puesto. Llegó un punto en que empezaron a ambicionaban ese oro, para poder tener el poder.

Una de las sacerdotisas quiso sacarles del error: se quitó el oro, y quiso curarlos con los brazos desnudos… para demostrar que el poder no venía de ahí.

Craso error.

Sin la interfaz, la potencia de la energía de sanación proveniente del cristal mató a esas personas. 

La gente se asustó, se rebeló y apedreó a la sacerdotisa hasta la muerte.

Después de ese suceso, el resto de sacerdotes del templo decidió desmantelar el templo. 

Todo: templo, cristal, oro… desapareció para siempre bajo las arenas del desierto. 

Tiempo después, se erigió la Esfinge en el mismo lugar donde estaba el templo, como recuerdo y homenaje a la «gente gato». La cara de la esfinge era femenina, en honor a la sacerdotisa que quiso salvar a la gente de su propia ignoracia.

Esfinge con cara femenina, erigida el 1930 en el templo masónico de Kansas (Jorgen C. Dreyer)

Espero que este artículo te haya gustado, o que al menos te haya aportado algo interesante.

Si quieres hacer alguna aportación, o tienes recuerdos de vidas pasadas en civilizaciones antiguas, me encantaría leerte en comentarios.

Un abrazo.

maribel bernal
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