Cuando el bien y el mal se encuentran



Hacía tiempo que no escribía nada en el blog. Las vacaciones primero y el inicio del curso escolar (y vuelta al trabajo) han hecho que fuera posponiendo la publicación de artículos.

Pero en mi cabeza las ideas iban dando vueltas. A la espera de encontrar un huequito para ordenarse y poder plasmarlas.

El inicio de curso ha coincidido curiosamente con un pico de demanda de armonizaciones. Me alegra ver que cada vez hay más conciencia de la importancia de vivir en un ambiente mínimamente límpio, energéticamente hablando.

En una de estas viviendas tuve el encuentro que da nombre al artículo, y que como en todas las ocasiones, para mi supuso un aprendizaje a nivel personal.

“Cuando el bien y el mal se encuentran, lo que de verdad importa es el Ser.”


El Yin y el Yang.

Todas las viviendas tienen un componente de luz y otro de oscuridad. Al igual que nosotros, los seres humanos, que tenemos luz y oscuridad en nuestro interior. Nadie es 100% luz ni 100% oscuridad (…y los que sí lo son, no son humanos)

En esta ocasión me encontré con una vivienda en la que la densidad era muy evidente. Como en otras ocasiones, me pongo a testar con el péndulo los diferentes niveles de negatividad existentes. Esa es la manera de establecer el punto de partida. Ver de qué nivel energético partimos y hasta dónde podemos limpiar.

En esta ocasión me encontré más de dos almas bloqueadas y unos niveles brutales de energía negra. Lo normal es encontrarme a una o dos almas… ¡pero nunca me había encontrado tantas!

Pensé que ahí debía de haber algo más. Así que empecé a testar.

“¿Hay algún portal negativo?”

En este caso no lo había.
Los portales energéticos son vías de entrada de seres de otras dimensiones. Imagínate la entrada del metro en hora punta: un montón de gente entrando y saliendo a lo loco y en tromba. Así me imagino yo lo que sería un “portal energético” de entidades negativas. Aquí cada uno le puede echar el componente de imaginación que prefiera. 🙂

Cuando hay un portal energético, es fácil que algunas de las entidades invisibles que entran y salen se queden en el lugar. Provocando a sus habitantes un malestar evidente y unos muy bajos niveles de vibración.

Pero este no era el caso.

“¿Hay Guardianes de la Sombra?”

Desde que leí el libro de Ferran Renau “Domoterapia de Luz”, la existencia de dichas entidades me intrigaba muchísimo. Para que te hagas una idea, son como los “policías que vigilan las entidades negativas”. Ellos no se dedican a limpiarlas. Lo que hacen es estar ahí presentes, como pastores de un rebaño invisible, para evitar que esas entidades se desmadren y la líen demasiado parda.

Cuando pregunté si allí habían Guardianes de la Sombra, la respuesta fue SI.

Te confieso que mi primer pensamiento fue “vaya marrón, ¡a ver cómo gestiono esto ahora!”. Porque claro, a los Guardianes no les gusta que interfieras en su trabajo.

Y a mi no me apetecía nada tener un conflicto con los Guardianes… no, no.

¿Qué hice?

Pues en la inocencia que me daba la inexperiencia hice lo que hubiera hecho con una persona física.
Me dirigí a ellos y les dije que no quería importunarles, que sabía que estaban allí por alguna razón pero que yo también tenía que hacer mi trabajo y que limpiaría lo que el Creador me permitiera.

Hablando en plata: le trasladé el marrón al “jefe”.

No sé si hice lo correcto o no, pero seguí mi instinto de tratar con respeto siempre a las entidades que me voy encontrando. Igual que haría con cualquier persona.

Los Guardianes de la Luz

Ignoro si existe este término como tal, pero lo uso aquí para referirme a aquellas otras entidades que también encontré en aquella misma vivienda.


Durante la búsqueda de agua subterránea entré en una habitación y sentí que me envolvían en un cálido abrazo, notando además la sensación de que mi respiración se expandía y mi corazón se calmaba.

Para mi fue una alegría sentir eso. Fue como una inyección de ánimos. Un “tú puedes, vas bien”.

Finalmente pude armonizar la vivienda sin ningún incidente, como tantas otras veces.

Pero me quedó la idea de que allí había vivido algo especial. Algo diferente.

La confirmación de que la Luz y la Oscuridad pueden convivir en un mismo espacio y que, cuando te las encuentras, lo importante es conectar con quien tú eres… y simplemente SER.

Sin juzgar que lo que estás viviendo/sintiendo es correcto o incorrecto. Sin pensar que eso no debería estar ahí.

Fue una verdadera lección de Humildad.

Gracias, gracias, gracias.

Con amor,
maribel bernal

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