Sincronicidades



Seguro que te ha pasado muchas veces estar pensando en alguien y, de repente, te llaman por teléfono y es precisamente esa persona.

O pensar en algún objeto mientras paseas por la calle y al doblar la esquina verlo en un escaparate.

O que tu marido saque el tema de conversación que tú pensabas sacar.

 

¿Casualidades? ¿Causalidades? ¿Sincronías?

Estos fenómenos siempre me han llamado la atención.

Recuerdo un día que, de muy pequeña, me sorprendí al darme cuenta que “ya no podía saber lo que los demás pensaban”.

Para mi, eso significa que hasta entonces yo había estado accediendo a los pensamientos de los demás, pero que en algún momento esa conexión se interrumpió. Y yo fui consciente de ese momento. Momento en que, de alguna manera, pasé de sentir que éramos un Todo, a creer que los seres humanos éramos individuos separados los unos de los otros.

No me gustó esa sensación, la verdad.

Quizá fue por eso que a lo largo de mi vida he ido buscando inconscientemente las sincronías, las “casualidades” con los demás.

Buscando recuperar esa sensación de ser un Todo con el mundo.

La sensación de que toda la información está ahí, al alcance de la mano. O más bien al alcance de nuestra “antena” telepática.

 

Sentir que no hay barreras

Y realmente no las hay.

Cada día, montones de sincronicidades vienen a mi. Me sorprenden y a la vez me alegran.  Porque me doy cuenta de que aún no he perdido del todo mi “antena”. 🙂

Hoy en la piscina llevaba un buen rato de pie vigilando a la mayor, que estaba en el agua, y pensé “solo me falta una silla para estar bien a gustito”. En ese instante veo que el socorrista, que estaba cerca mío también de pie, fue a buscar una silla… para él, claro.

Y piensas: ¿de quién fue el pensamiento “quiero una silla”? ¿Suyo? ¿Mío? ¿Flotaba en el aire y los dos lo captamos?

 

Seguro que a ti también te han pasado cosas como esa.

O que tu pareja te diga: “me he encontrado a Fulanita esta mañana”. Y tú respondas: “Anda, pues justo esta mañana no sé por qué me acordé de ella”.

Meter la mano en un bol y coger la misma galleta.

Abrir la boca y decir la misma frase que alguien, justo a la vez.

Necesitar algo y que al día siguiente te llame alguien que, de pura casualidad (ejem), te ofrece lo que estabas buscando.

 

Sincronías e inconsciente colectivo

No tengo evidencias científicas (lógico, porque la ciencia aún no se ha metido en serio a investigar el tema) pero creo que la explicación a esto es bien sencilla.

Es una teoría, por supuesto.

Los pensamientos son ondas de energía.

Nuestro cerebro las traduce a palabras e imágenes, un lenguaje que podemos entender porque es el mismo lenguaje que hablan nuestros sentidos (la vista, el oído).

De la misma manera que un teléfono traduce a palabras las ondas que han viajado a través de 4G o wifi. Y al igual que un televisor traduce a imágenes y sonido las ondas que capta a través de la antena.

Un pensamiento tuyo no se acaba en ti.

Ese pensamiento “viaja” a través del aire y forma parte de la masa de información invisible que nos rodea. Ondas de radio, de tv, de internet, de pensamientos y de emociones humanas.

Los pensamientos individuales viajan hasta la masa y ayudan a formar el inconsciente colectivo. Y de esa masa o maraña de pensamientos, los humanos a veces “pescamos” pensamientos que no son nuestros. Los captamos.

Una sincronía puede ser perfectamente provocada porque dos personas han “pescado” a la vez un pensamiento que flotaba por ahí, en la masa energética que nos rodea.

Por eso considero tan importante vigilar lo que pensamos y lo que decimos. Que sean pensamientos y palabras de buena calidad vibracional, y no basura energética.

Porque tus malos pensamientos no empiezan y terminan en ti.

Van más allá de ti. Y la mayoría de las veces, impactan en otras personas o… como mal menor, acaban engrosando y ensuciando nuestro inconsciente colectivo.

¿Que? ¿Te animas a contarme tus experiencias con las sincronías? Te espero en los comentarios.

Con amor,

maribel bernal

 

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