El Burlón y las Gafas


El pasado fin de semana un espíritu burlón nos estuvo “troleando” fuerte durante varias horas.

¿Quieres que te cuente la historia? Sigue leyendo.

Fiesta, niños y lluvia

Yo llegué allí cuando la fiesta ya se estaba acabando, así que no sé qué energías se movieron durante la mañana.

En la sobremesa, lo que parecía un día perfecto de barbacoa acabó en nubes, chubasco y frío intenso. Los niños seguían jugando fuera, en el jardín. A ellos les da igual que llueva o truene, mientras tengan amiguitos con los que jugar.

Mientras, los mayores estaban dentro de la casa, compartiendo un te y conversaciones de sofá.

"¿Habéis visto las gafas del niño?"

A media tarde un par de famílias decidieron marcharse.

– “¿Alguien ha visto las gafas del niño?” – dice la madre – “Estaban aquí.”

Parece ser que cuando empezó a llover el peque le dio las gafas a su madre y ella las dejó en una repisa cerca de la televisión. 

Los adultos que estábamos allí en ese momento empezamos a buscar y revisar, que no fuera que alguien las hubiera movido sin querer, se hubieran caído o se hubieran tapado con algo. 

Debajo del sofá, encima del sofá, bajo los cojines, encima de los muebles, debajo de los muebles… de ahí pasamos a las habitaciones, el lavabo, incluso el jardín (por si las había cogido algún niño y las hubiera llevado afuera). Revisamos las mochilas, bolsos, chaquetas, bolsas de basura… ya no sabíamos donde mirar.

Los pobres padres que se querían ir pronto a casa, no podían. Claro, si fuera sido otro objeto da un poco igual, ya aparecerá (o no). Pero unas gafas… pues las necesitaban.

 

Miro la repisa

– “¿Son estas de aquí?” – digo yo.

Veo unas gafas de montura negra en la repisa, cerca de la tele. Nos acercamos y resultan ser del dueño de la casa, que las coge y se las pone. 

Falsa alarma.

Seguimos buscando como locos.

Tras una hora de búsqueda infructuosa, la familia decide irse sin las gafas. Pensando que quizá alguien que se hubiera ido antes se las habría llevado sin querer entre sus enseres.

Los que nos quedamos, seguimos compartiendo te y conversación, mientras los niños que quedaban seguían jugando ajenos a todo ese jaleo.

Pasa otra hora más.

 

Mi amiga se queda blanca

– “Están ahí” –  dice desde la silla donde estaba sentada, mirando hacia el mueble de la tele.

– “¿Dónde?”.

– “¡En la repisa!”.

Nos levantamos y vamos todos hacia donde señalaba. Las gafas del niño estaban allí:  en el lugar donde las habia dejado su madre. En el mismo lugar en el que una hora antes habían otras gafas (de adulto).

Nos miramos perplejos.

– “¿Esto es cosa de duendes o qué? – comentan los dueños de la casa. 

Nos entró la risa nerviosa por lo increíble y absurdo de la situación. 

Imagínate. 

Siete adultos durante horas buscando un objeto que (aparentemente) no se había movido de su sitio. ¿Y nadie lo había visto? Todos habíamos mirado allí, no una sino varias veces.

 

Total, que el niño recuperó sus gafas

Y días después, al testar la vivienda de esas personas, resulta que si había un espíritu burlón.
A este tipo de entidades les encanta esconder cosas.

Me los imagino en su dimensión, partiéndose de risa mientras los humanos vamos como pollos sin cabeza buscando ese objeto perdido…

Lo bueno es que (a veces) los devuelven.

Pero el buen rato a nuestra costa, ya se lo han llevado también.

¿Has tenido alguna experiencia similar? ¿Te desaparecen objetos en casa y de repente te vuelven a aparecer (en el mismo sitio o en otro)?

Te leo en los comentarios…

 

Con amor,

maribel bernal

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