El miedo que nace al abandonar la zona de confort 4


Cuando se sale de la zona de confort (como me está pasando a mi en estos momentos) aparecen los miedos.

Siempre han estado ahí. Tú los creías dominados pero solo estaban calladitos esperando el momento apropiado para decirte “¡Hola Maribel! Cuánto tiempo sin verte…¿nos sacas un ratito a pasear?”

 

Lista tus miedos

El momento de comenzar una fase nueva en la vida hace aflorar miedo e inseguridades en general. Para enfrentarlos, a mi me va bien hacer una lista y ponerles nombre. Por ejemplo:

  • miedo al ridículo.
  • miedo a que salga mal.
  • miedo a que salga demasiado bien (y se me escape de las manos).
  • miedo a renunciar a la seguridad.
  • miedo a abrazar la incertidumbre.
  • miedo al qué dirán.
  • miedo a que mis seres queridos vean otro aspecto de mi y no les guste.
  • miedo a que me critiquen.
  • miedo a que piensen que estoy loca.

Para el cerebro, lo que no se nombra no existe. Por eso es tan importante poner nombre a lo que estás sintiendo.

Si quieres abandonar la zona de confort y haces la lista de los miedos que estás sintiendo, siempre habrá uno o dos que cuando los escribas sentirás un cosquilleo en el estómago. Sabrás entonces que es por ahí por donde tienes que empezar a trabajar.

 

¡Empieza a trabajarlos!

En mi caso a mi me pasa con la frase “miedo a que mis seres queridos vean otro aspecto de mi y no les guste“. Realmente, mis seres queridos de verdad me conocen a fondo y no se extrañan de que siga este nuevo rumbo. Entonces, ¿a quienes se refiere este temor? A los que nunca he ofrecido mi verdadero yo. Ciertas personas sólo saben de mi lo que han visto hasta ahora, porque esa era la imagen que yo les he estado ofreciendo todo el tiempo. Una única faceta de mi. La de “la hija inteligente que sabe de ordenadores”. O la de “la nuera que tiene un trabajo de provecho”.

máscaras

Entonces, ese miedo se transforma en “miedo a defraudar a gente que creía que yo era una cosa que no soy“.

 

Míralos desde otra perspectiva

¡Aaaamigo! Eso ya es diferente. Fue mi decisión y por tanto mi responsabilidad actuar así con esas personas. Todos tenemos máscaras que usamos en nuestra vida cotidiana. Tal vez no sean falsas del todo, pero el uso de una máscara implica ofrecer al mundo una visión sesgada de nosotros mismos, llegar a ocultar la totalidad de lo que somos. Está claro que no te comportas igual con la vecina que con tu pareja. A todo el mundo no le das acceso a la totalidad de ti.

Ahora la energía que sentía respecto a ese miedo ya ha cambiado. Analizándolo desde la distancia y comprendiendo un poco su origen, se ve desde otra perspectiva. Para mi se ha vuelto menos amenazante, menos paralizante, más solventable.

 

Ser valiente no es vivir sin miedo. Ser valiente es avanzar hacia tu objetivo a pesar del miedo - Tuitéalo       

 

¿Y tú? ¿Te animas a listar los miedos que tienes al salir de tu zona de confort?


ACTUALIZACIÓN 30-9-2016

Releyendo este post me ha venido a la cabeza este poema de Marianne Williamson. Seguramente os suene porque lo leyó Nelson Mandela en su discurso de investidura, aunque algunas fuentes en internet lo citan erróneamente como su autor.

“Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados. Nuestro temor más profundo es que somos excesivamente poderosos. Es nuestra luz, y no nuestra oscuridad la que nos atemoriza. Nos preguntamos: “¿quién soy yo para ser brillante, magnífico, talentoso y fabuloso?” En realidad, ¿quién eres para no serlo? Infravalorándote no ayudas al mundo. No hay nada de instructivo en encogerse para que otras personas no se sientan inseguras cerca de tí. Esta grandeza de espíritu no se encuentra sólo en algunos de nosotros; está en todos. Y al permitir que brille nuestra propia luz, de forma tácita estamos dando a los demás permiso para hacer lo mismo. Al liberarnos de nuestro propio miedo, automáticamente nuestra presencia libera a otros.”

 

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4 ideas sobre “El miedo que nace al abandonar la zona de confort

  • Raúl Figueroa

    Muy interesante. Creo que reinventarse no es nada fácil.
    De hecho poca gente conozco que actualmente salga de su zona de confort (trabajo, ciudad o campo…). Si que hace décadas ocurría con nuestros padres emigrantes por falta de trabajo.
    Creo que quien no hace el cambio es porque su trabajo o ciudad le aporta unos beneficios estables; o porque le gusta su entorno; o porque estando mal no se atreve a dar ese paso decisivo (me acuerdo de la frase: virgencita virgencita que me quede como estoy).
    De todas formas Maribel, enhorabuena por el trabajo realizado y a seguir. Que como has dicho en algún otro post, no todo ocurre por casualidad…

    • Maribel Autor

      Gracias Raúl, me alegro que el artículo te haya parecido interesante.
      Es cierto que en épocas anteriores la gente salía más fácilmente de su zona de confort. Supongo que era porque el “confort” que tenían era más bien escaso y poco tenían que perder saliendo de él. Mientras más cómoda sea la zona de confort más nos cuesta salir de ella jejeje…

      Un abrazo!!

  • Eva

    Genial Marí bel! !

    Has dado con el dedo en la llaga. Me quito mi máscara y dejo de actuar, a quien le guste bien y a quien no también, soy yo y es lo que me importa.

    Un abrazo